LA INTERIORIDAD DEL SER HUMANO

Jaume Patuel

     Si seguimos los tres términos. Primero, ser. Los diccionarios nos indican que  tiene más de 14 significaciones. Parto de lo que existe y es fruto de evolución inorgánica como orgánica en el microcosmos y macrocosmos. El segundo, humano. Tiene pocas. Considero un ser vivo que le caracteriza el habla. El tercer, interior. Tiene más de doce significaciones. Escojo  de lo más adentro e íntimo o lo que se siente en profundidad. Tema muy psiquista cuando se habla de la subjetividad. Como siempre las definiciones son fruto de la experiencia; esta es la base o el punto de partida: la epistemología.  Y de paso menciono el libro para este punto  El mapa no es el territorio. Mi viaje hacia la consciencia transpersonal (2018), cuyo autor es el autor del presente artículo.

      Así pues, este «ser humano que es hablando» y se da cuenta que gracias a la palabra tiene un doble acceso a la realidad. Además tiene la capacidad de silenciar uno para contemplar el otro y este lo lleva en su interior silencioso, a lo más íntimo de lo más íntimo. Sólo se realizará y madurará integralmente si tiene en cuenta estas dos dimensiones. Lo que acabo de decir en palabras, creo que con una metáfora puedo hacerlo más inteligible.  Imaginemos en una rama de un árbol que hay dos pájaros. Uno picotea  para comer y juega; el otro contempla la belleza de la naturaleza. En este cuadro lo vemos por partes, pero es un todo. Es decir, que ambos son necesarios, imprescindibles para la totalidad. Así es el ser humano, gracias a la palabra. La capacidad de hablar es un dato biológico; es dada, pertenece a la naturaleza. Y el contexto produce el idioma o lengua, este es cultural, producto del ser humano. Esta realidad de todo ser humano en ser consciente, según las etapas de la vida, le ayuda a ver que no todo es comer, dormir, trabajar, divertirse, hacer el amor y otros asuntos humanos, sino que  también es necesario contemplar el exterior y el interior silenciosamente, sin preocupaciones y prisas. Y por esta indagación profunda del ser humano vivo  constata que tiene una intimidad u hondura. Y se encuentra en ella, lo envuelve, lo abraza. Es un silencio hablando: Una cualidad o dimensión, cuya calidad le hace vivir la Totalidad, que es él mismo.

     Podemos ver que la interioridad del ser humano es una dimensión de la existencia que hay que cultivar para desarrollar el proceso de crecimiento,  en camino de un ser humano maduro, completo, integral y humanizarse. Pero encanta y atrae más el pájaro que picotea,  come y juega, que es necesario, pero a la vez, está el otro, el  que contempla silenciosamente, aunque tan necesario como el otro.  O también son las dos alas imprescindibles  para que el pájaro pueda volar. El modelo “bio.psico.social” hay que envolverlo, también científicamente, en “Energia.biología.psico.social  más Niveles de consciencia”.  De ahí la Psicología transpersonal, profundizada  por psicoanalistas. ¿Qué ha pasado para que sean psicoanalistas los que empujan? Dato que obliga a reflexionar. Hay que contemplar el ser humano en su totalidad. Y ser consciente de que todo ángulo, que es necesario para la investigación como la indagación  y terapia, es reductor y así evitar el reduccionismo.  Para ello puede ayudar el libro del psicoterapeuta Carlos Domínguez Morano: Mística y psicoanálisis. El lugar del Otro en los místicos de occidente (2020). Libro totalmente aconsejable. Una gran visión honesta.

     Ahora bien, al escribir estas líneas soy muy consciente de que la dinámica enloquecida de la sociedad occidental, que es la nuestra, sólo tiene la preocupación de que el pájaro que picotea, come y juega  pueda encontrar siempre de todo y más, si bien no es necesario. La sociedad le pone a su entorno tanto ruido como publicidad, miedos por la pandemia, informaciones tóxicas, limitaciones de movimiento mental y físico, consumismos como otros aspectos, que no quiere que se dé cuenta que tiene otra dimensión tan necesaria, además aparentemente inútil (por tanto, no rentable económicamente) a la que ignora o le tiene miedo. Ya que nace una visión diferente de la realidad que no favorece el capitalismo ni la obediencia pasiva y es camino de autonomía.

  Intentamos dar un paso más. No en vano, un libro matriz de la cultura occidental, la Biblia, además muy trabajado por psicoanalistas. Menciono uno, entre muchos: Gérard Haddad que tiene publicado El pecado original del psicoanálisis (2007), entre otros muchos. Pues, la Biblia  dispone que el séptimo día sea para reposar. En ese momento, no había vacaciones ni de invierno o Navidad ni primavera o Semana Santa ni verano o de agosto. El ser humano, que tiene la palabra para hacer silencio, precisa  «reposo y calma». Encontrarse consigo mismo. Captar otro nivel de conciencia: Ser consciente de que es más profundo, de más interioridad o intimidad como el pájaro que contempla lo que es gratuidad, pero tan necesario como el pájaro que busca la comida.

    Si el pájaro que consume sabe escaparse con sus circunloquios, hay, desgraciadamente, un fuerte autoengaño, además convencido de que es la totalidad o madurez; el otro que contempla se da cuenta de que sólo con el silencio, esté donde esté (montaña arriba, o caminar por las calles de las grandes ciudades), es el camino. Y me atrevo a indicar que la pandemia o sindèmia ha facilitado para muchos seres humanos el descubrir este pájaro contemplativo. Es cierto que el solo camino para vivirlo es el silencio. Una humanista de Barcelona (Catalunya), Teresa Guardans (1956), profesora e indagadora en el Centro de Estudios de Tradiciones de Sabiduría (CETR) en Barcelona, ​​nos da una herramienta. Acaba de publicar: Silencio  (Ed. San Pablo, 2021). Un librito válido y  valiente para hacer “silencio” en plena ciudad. Un auténtico desafío que vale la pena emprender. Además hay otro publicado por una escuela psicoanalítica de Buenos Aires: ¿Somos todos religiosos?  (2020) que  nos indica cómo se contempla esta interioridad. Término que también se puede considerar religiosidad, espiritualidad, o en términos más actuales “cualidad humana profunda”. Así lo describe el epistemólogo Marià Corbí, director del CETR, en su libro del 2007: Hacia una espiritualidad laica. Todo un giro copernicano.

         La interioridad del ser humano es esta realidad tan imprescindible que lleva a evitar muchas molestias y disfunciones psíquicas o ciertos malestares emocionales. Un aspecto del C.19 ha hecho emerger a la población, según estadísticas oficiales, un 45% de cuadros de ansiedad como de depresiones. Malestar físico, ciertamente sí, pero ocasionado por un mundo emocional alterado y falta de interioridad, ciertamente también. Aquí tenemos que contemplar la psicología analítica de Jung en el proceso de individuación o desarrollo. Y al mismo tiempo ampliar el marco psiquista cómo podemos saber por el libro La psicología del futuro (2000) de Stan Grof, digno de leerse. Otra revolución copernicana del mapa psiquista.  El Ser Humana no se agota o no es asible por la Ciencia.

      El artículo se publica cuando nos encontramos en Semana Santa. ¿Qué significa este bullicio y ruido cultural? El nuevo paradigma global nos afirma que la interioridad es una dimensión intrínseca de todo ser humano. Gratuita, sí y afortunadamente, pero necesaria a la vez. Es dada si se busca pero sin objetivo: Son los buscadores de la profundidad  o los abiertos a la Totalidad. Y toda terapia psiquista dinámica es para desbrozar las angustias y dificultades del ego. Así lo explica de forma amplia y profunda el libro, traducido por Pere Folch, punto referente en Catalunya para el psicoanálisis, Psicoanálisis y religión en el siglo XXI ¿competidores o colaboradores?  (Herder 2009; original 2006). Reitero una idea ya mencionada. El cuarto movimiento o corriente psiquista: la psicología transpersonal, introducida en España por Manuel Almendro con su libro Psicología transpersonal. Conceptos clave (2004). Además la cuarta fuerza psiquista de alcance mundial,  considera sin tapujos y con una gran claridad, basado en las neurociencias: la interioridad.  Y para terminar pensemos que Freud fue “un teólogo negativo”. Afirmó el que no era “dios”. Nunca se puso con la fe del paciente. Freud, el teólogo negativo (1989)  como escribió Ricardo Cabezas de Herrera, quien a la par nos recuerda a Fromm que dice lo mismo del acto psíquico humano: todo cuanto afirmamos de una conducta hay que negarlo sino cosificamos el Ser Humano. Freud nos abrió un camino hacia este adentramiento interior con la asociación libre, o mejor, dicho, espontánea para  luego asociar. Trabajo del  ego que, buen gestor o buen jinete,  debe conocer todas sus dimensiones  o cualidades  que constituyen sus procesos. La interioridad del Ser Humano hablante lleva a su más profunda intimidad, que no agota, como a su altura, que tampoco agota. Fue el gran diálogo de Freud y Pfister, reflejado en el libro de Carlos Domínguez: Psicoanálisis y religión o el diálogo interminable (2000).  O la frase que permite cerrar, pero abierto, este artículo, la frase escrita por Sigmund Freud en agosto del 1938: :”Mystick die dunke selbstwa bernehmang des reichs auserbahlt des es”:Mística, la oscura autopercepción del reino  exterior al Yo, del Ello”.

 

Jaume PATUEL PUIG (1935)

Pedapsicogogo.

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